Micro-historia sin título
¡Joder! Así reaccionó ella verbalmente al enterarse. Ursula vivía en un piso u apartamento subsidiado por el gobierno. En una jugada política extrema, el ayuntamiento, el dueño del edificio y la comunidad de Tarragona, decidieron vender el inmueble a una compañía constructora extranjera.
Sola y a sus 81 años de edad, Ursula lograba subsistir con una pensión que apenas roza los 400 Euros. El plazo de desalojo tenía una duración de seis meses. A mitad de ese período, Ursula fue internada en un hospital cercano por complicaciones cardíacas. Al cabo de dos semanas, unos punks invadieron su antiguo espacio hasta que fueron desalojados por la Guardia Urbana.
Tres años después, el edificio de oficinas recién construido fue comprado por el Ayuntamiento para convertirlo en geriátrico.
