viernes, abril 06, 2007

Renuncia Gourmet.

Salimos de la oficina, el Asistente de Producción, los Directores de Arte y Creativo respectivamente y yo, el encargado de los textos. La víspera de una buena negociación con los nuevos clientes nos brindaría una velada por cuenta corriente de la Agencia.
La página Web encantó a los dueños del negocio, nuestra propuesta, aunque recargada, pareció coincidir con la petición que se nos hizo. Por tal motivo, vino la primera ración de chistorras, bastante regular y con buen sabor. La bebida al principio fue cerveza ligera, era lunes y no cabían excesos. Vinieron las segundas chistorras, igual de regulares y con buen sabor, otra ronda de ligeras para complementar el capricho alimenticio de los jefes.
Dije que no cabían excesos, al menos de bebida por ahora, fue la primera impresión de la aberración gastro-consumista de mis jefes: una tercera ración de chistorras. Tal comportamiento parece contradecir sobre todo a Doris, es harto sabido su complicación existencial frente al espejo. ¿Cómo se atiborra de chistorras ante tal padecimiento? ¿Será que vomita cuando llega a casa? ¿Tendrá anti-chistórricos en casa?
Casi ordenan la cuarta ración, pero se hacía tarde y descubrieron que no podían pagar en cheque. El apetito alcohólico ya se había abierto a pesar de ser lunes. El próximo destino, debía ser un restaurante chino. Una ración de lumpias para seguir con la ruta de la fritanga de esa noche, me negué a comer eso, ya quería irme a casa a tomar mucha agua.
En medio de la ya segunda ración de lumpias, el Director Creativo abusó de su talento creador, y dijo al esquelético mesonero “tráeme una de vino tinto”. Justo ahí, comenzó mi estómago a reaccionar, haciendo ruidos y retorciéndose como diciendo “ni se te ocurra”. Chistorras, cerveza, lumpias y vino tinto: Descubrí que mis jefes son fieles a la creatividad, incluso para comer.
Un par de meses después, accedí a comer con ellos en un restaurante de esos que sirven entre comida Tex-Mex y Costillas de Cerdo, pasando por deditos de mozarella. Un sándwich de pollo con papas fritas fue lo mas liviano que encontré. El plato de mis acompañados no lo describiré por respeto al apetito del lector. Haciendo una alusión al lugar, puedo decir que gracias a Dios no como ahí, ni los viernes ni nunca.
Hoy me retiraba de la oficina, justo a la hora de almuerzo, siempre me despido cortésmente antes de partir. Estaban engullendo su almuerzo ambos patrones, al principio no quise detallar bien si lo que vi, eran huevos hervidos. Lo eran, y estaban acompañados de lentejas, antes de que me invitaran a comer a su casa, renuncié.