martes, febrero 20, 2007

Los Bolívar hoy.
Simón Andrés estudia Sociología en la Universidad. En un ataque de rebeldía en contra de la tradición jurídico-hacendada de su familia, decidió dejar los estudios de administración para sumergirse en las ideas de Rousseau, de Marx y de otros teóricos del socialismo y la ilustración.
Ya en tercer semestre era presidente del Centro de Estudiantes de su escuela, con dos postulaciones al consejo de facultad y un prontuario de niples, panfletos y pasquines a los largo de su corta carrera.
Su familia de origen mantuano lo excluía de toda práctica tradicional, relegándolo a una jugosa mesada que servía para en parte financiar sus ideas libertadoras estudiantiles. Incluso su hermana María Estela, estudiante de Medicina, evitaba dirigirle la mirada o la palabra cuando coincidían en algún espacio de la Universidad. Siempre se decía a si misma: “ Ahí va mi hermano Simón, con sus ideas imposibles de implementar con tanto miserable oportunista dentro de nuestra sociedad”
Simón por su parte, cuando la miraba, no hacía sino hablarle al cielo: “ Mira a la gorda de mi hermana, si donara un poco de sus excesivas carnes a las masas hambrientas”.
En el acto de graduación de Maria Estela, explotó un artefacto con miles de panfletos que rezaban: “ Por una medicina parda y mulata”. Ella sabía que su hermano estaba detrás de todo el complot panfletario. “… ese fue Simón mamá, con sus ideas locas de profeta magnánimo y libertador de pueblos oprimidos”.
Simón padre, había muerto dos años antes luego de un derrame cerebral. En una cena de navidad, Simón llego a la hacienda con sus compañeros de tolda. Desde que ese señor vio a esa gente sentada comiendo su comida, no pudo aguantar la sensación de disgusto y calló en estado vegetal hasta morir.
Simón se graduó y comenzó a formar parte de las filas del Partido Socialista Único de Venezuela, en las que se destacaba por su sed de protagonismo y control verbal de masas reprimidas. Decía que era necesaria una revolución en el país, que había que redistribuir mejor la tierra y las otras riquezas, de esa manera el pueblo tendría mas poder y habría mas justicia social.
Se acercaban las elecciones internas de su partido, Simón Andrés debía medirse con un ex comandante del ejército que vanagloriaba con idolatría a su tatara tatara tío Simón Bolívar. Nunca se había percatado del poder y el valor político-mediático del apellido de su familia, por lo que retiró su candidatura y se fue a ver a su hermana por que se sentía mal.

Olores, Socialismo del sudor y transporte público.

El fresquito de fin y principio de año remoza pieles ásperas y despierta sensibilidades en favor de la elegancia ajena. El uso de bufandas embellece, viste y distingue; por ello, la bufanda se erige como el accesorio recurrente de la temporada.
Lejos del rubor de las mejillas andinas, y del uso de la lana como material cobertor primordial, el frente caribeño exige otras formas de elegancia y cortesía. Es difícil mantener el buen humor con el cuello transpirando bajo un ornamento funcionalmente inútil, especialmente antes y después de la hora de almuerzo.
Vivimos en una eterna primavera acondicionada, un otoño oficinista, un invierno de inseguridad y un verano irremplazable: Las cuatro estaciones en solo ocho horas de trabajo, es por esto que hay mas autoflagelación sudorípara que practicidad en el atuendo. Es preferible sudar elegante e incómodo que sentir comodidad y frescura.
Así, la ciudadanía intercambia secreciones a diario. Lo contradictorio, es que la falta de espacio individual nos remonta a costumbres esquimales de acaloramiento en medio del trópico. Todos muy de cerca, oliendo jabones, perfumes, champúes, hedores varios: café, pestes bucofaríngeas, tabaco, entre otros.
En las horas pico, el trasporte público se trasforma en un sauna movible, comienza el trabajo de las cooperativas del sudor, un modelo cutáneo-socialista de colectivizar la transpiración. Brazos, manos, hombros, codos, mejillas, cabellos, dedos, cuellos, mandíbulas, orejas; todos entrejuntados mezclando células entre si, todos sudan al mismo tiempo que mantienen un contacto irreversible por falta de espacio.
El sudor es una sustancia íntima que solo debe experimentarse de forma personal. La sudoración es una reacción natural individual que solo puede ser compartida bajo consentimiento propio.
El exceso de contacto transpirante con desconocidos es desagradable, antihigiénico e incómodamente asfixiante. Una suerte de zoológico de contacto pero con seres humanos: El socialismo de sudor, cuando el calor humano no es el mejor abrigo.