domingo, diciembre 17, 2006

Hayaca y Delito.

En un país diverso en materia de clima, cultura, raza y gusto; el placer de comer se define de variadas maneras: “tres golpes”, “papear”, “meterle al saco”, “monchar”, “comé”, “matizar”, entre otras. La oferta culinaria también es variopinta y dialécticamente digerible, las contradicciones intestinales aparecen según la materia que el aparato digestivo acoge en la intimidad de las paredes estomacales.
Sin temor a recurrir a estadísticas, la venta de depuradores del metabolismo, así como de antiflatulentos debe incrementarse en las fechas decembrinas. Mas allá de los excesos como causa primordial, es decir, cuanto se come; es preciso estimar y evaluar que se come.
Los valores nutricionales de la mesa venezolana también son incalculablemente imprecisos, la incidencia de una fritanga Zuliana en el colesterol debe ser mucho mayor que la de una ración de bachacos cabezones del Amazonas. Una empanada de cazón de Puerto la Cruz tampoco se asemeja calóricamente el impacto de un pastelito andino, del mismo modo que un desayuno llanero equivale a dos almuerzos capitalinos.
La tradición gastronomica navideña es en gran parte responsable del agite intestinal generalizado en el mes de diciembre. Desde el punto de vista estructural, una hayaca (andina, maracucha, mantuana, oriental, capitalina, etc.) es un manjar indefinido, un pastel heterogéneo gustoso y pesado: Un placer hiper-efímero que degenera en inmediatas reacciones gasíferas.
La recién creada Asociación de Esposas de Comedores Compulsivos de Hayaca A.E.C.C.H ha hecho un estudio con el apoyo de la Facultad de Nutrición y Metabolismo de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda, el cual ha arrojado resultados poco satisfactorios.
Mas del 85% de las mujeres alega amanecer de mal humor los 25 de diciembre y los primeros de enero, la cantidad de gases emanados por sus esposos durante la noche de navidad y año nuevo, afectan la actividad simpática de la vigilia y del sueño, así como la regulación térmica.
Se dice que la hayaca, es una de las causas implícitas de muchas separaciones matrimoniales, algunas mujeres han decidido no hacer hayacas en diciembre y alquilar algunas para decorar las neveras y brindarlas a parejas amigas que asuman el riesgo. Es mucho mas preferible comer salmón, bacalao o cordero; acompañarlo de una buena ensalada, papas al vapor y vino blanco para no poner en peligro el matrimonio.

sábado, diciembre 09, 2006

Elecciones y clase necia: Del "hay" al "ouch".

El clima electoral deja su rastro en cada uno de los habitantes de la capital. En el preludio del proceso, una marcada tendencia a la segregación política puede percibirse con tan solo interactuar con alguien de la desprestigiada y al mismo tiempo auto idiotizada clase necia.
La espera para ejercer el derecho al voto avanzaba a pasos tradicionales: lentamente. En el ínterin, un miembro del ejercito pedía a los votantes que se pegaran de la pared. Una chica, poco caso le hacía y el soldado perdió la paciencia: “Tierrúa” hubo dicho el uniformado con voz marcial, a lo que la chica ofendida contestó: “ Tierrúa tu mamá” con acento a resentimiento horizontal. Entre ellos se entendieron: el efectivo se retiró y la muchacha votó a los pocos minutos.
Días antes de las elecciones, los miembros del Plan República habían tomado las instalaciones de los centros de votación. Un procedimiento rutinario en tiempos electorales, las fuerzas armadas con su intervención siempre obtusa en los procesos civiles.
Entre quejas y análisis vagos sobre la presencia militar y el gobierno aspirante a la reelección, una egresada de un prestigioso instituto de estudios de gerencia y negocios, se dio un pequeño golpe accidental. “ Ouch!” fue lo que alcanzó a balbucear. Una expresión dolorosa foránea fue su reacción al golpe, ¿ Acaso puede doler en otro idioma? ¿ Es imprudentemente feo justificar el dolor con un simple y localmente humano “hay”?
Los efectos de la globalización son inevitables, la transculturización del lamento es símbolo de idiotez. Cuando algo duele, solo el instinto puede reaccionar, no hay valores, no hay educación, no hay cultura, no hay linaje, no hay nacionalidad, no hay patria, solo hay dolor.
Terminada la contienda presidencial. Los resultados daban por ganador al candidato rojo, un ser al quien sin duda se le sale un “hay” cuando hay dolor. La mayoría del electorado lo sabe, por que también sienten el dolor como el.
Los perdedores sufren con dolor ajeno, inhumano y necio.
La rectora del ente comicial leía los resultados oficiales, temblarían las “afinidades electivas” del viejo Goethe. Muchos gritaron “hay que alegría” con orgullo soberano y legitimo, otros dijeron “ Ouch!” con soberbia ajena transplantada.