miércoles, octubre 25, 2006

Paludismo y Barbarie: La Hemoglobina Politica.

En tiempos Gomecistas, cuando los mosquitos hacían de las suyas en la provincia venezolana, godos y no godos presenciaban la epidemia con ojos desesperados. La peste post-guerra europea dejaba su huella en el lado pantanoso y cálido del atlántico, en los llanos centrales venezolanos.
Hasta en la capital se temía por el avance de esta y otras enfermedades contagiosas, incluso el mandón de turno, andino y maleducado, radicado en Maracay, junto a su camaradería lacaya, se refugiaba huyendo de la picada del insecto debilitador.
Casi un siglo después, ya erradicadas las injurias pestilentes de principios del XX, permanece contagiosamente peligrosa la peor de las pestes, la que no se heredó de conflictos bélicos foráneos: El paludismo político, la hematuria populista.
Sus agentes, los parásitos que se alojan en la sociedad, debilitándola hasta la pasividad, defienden postulados inaplicables, nocivos y letales; la ideología palúdica a través del discurso oficial.
Estos anofeles hematozoarios, transmiten sin piedad mensajes distorsionados, emitidos desde entidades poderosas: Comandos de Campañas políticas, actos oficiales, cadenas y demás instrumentos inductivos.
Al transmitirse la enfermedad, las sociedades caen en una inercia electoral, una energía soporífera que infecta gravemente a los individuos, interviene en sus voluntades y controla sus decisiones.
En un tiempo, esta peste fue blanca, después verde, luego se volvió multicolor. En la actualidad se ha vuelto color rojo, tiene semejanzas con la peste que azota a Cuba desde hace décadas y devoró a la Unión Soviética hace algunos años, sin embargo, esta tiene matices de negro petróleo y hasta verde militar.
Algunos buscan una cuarentena democrática, pero sucumben ante los tentáculos infecciosos de la epidemia, otros huyen hacia el refugio del abstencionismo, para no ser picados por los insectos de la militancia partidista.
La ideología hematúrica carcome a la sociedad, al país, e incluso a otras regiones del mundo: el virus de la militancia adquirida, la fiebre roja. No hay antídoto. Sálvese quien pueda.

Sin Novedad.

El empresario japonés había volado por mas de 36 horas, deseaba tomar una taza de te y dormir apaciblemente, su apretada agenda le exigía un buen descanso.
Luego de pasar por los rigores de inmigración y de pagarle 10 dólares a cada uno de los 8 cargadores de equipaje que rodearon su diminuta presencia, se dirigió a la salida del Terminal internacional para abordar un taxi.
Al atravesar la puerta de salida, Ito Karahashi se vio en medio de un cordón de seguridad formado por un grupo de gigantes enchaquetados, quienes se comunicaban a través de sofisticadísimos radios. Su interprete le decía que, debido a su importancia para el país, había que aplicarse los dispositivos de seguridad uno A, tres F y 22 Z. Sin embargo, el sorprendido nipón no se explicaba semejante procedimiento, le parecía incomprensible el numero de agentes que doblaban su estatura, las ametralladoras, las 3 motocicletas y las 4 camionetas que lo escoltaron a su hotel.
Maria Alejandra cumplió 18 años hace unos días, por tal motivo, sus padres decidieron alquilar el salón de fiestas para la celebración. El numero de invitados no era muy grande, familiares cercanos, amigos del colegio y uno que otro amigo del hermano figuraban en la lista.
La fiesta se llevaba a cabo con toda normalidad, Natalia, la mejor amiga de la cumpleañera se había ido a vivir a Tenerife meses después de la graduación, por la enfermedad de su abuelo tuvo que venir a Caracas de emergencia, y quiso darle la gran sorpresa a su amiga presentándose en su cumpleaños.
La junta de condominio del edificio había decidido hace poco, por motivos de seguridad, que las fiestas debían tener lista de invitados, así que Natalia, por su lugar de residencia, no aparecía.
Rogelio Bermúdez, ex drogadicto, evangélico hace dos meses y reservista de ejercito trabajaba como vigilante del edificio. Las lagrimas de Natalia no lograban convencer al sereno uniformado de dejarla entrar, el numero de invitados no se podía sobrepasar.
Gracias a la borrachera de Carlos Luís, un ex compañero del colegio y a la intervención de Maria Alejandra, que al enterarse del incidente frente a la garita corrió a ver su mejor amiga, Natalia pudo felicitarla.
Las empresas de seguridad y vigilancia emplean mecanismos autoritarios que degeneran en la frustrada imbecilidad de sus trasnochados empleados, sujetos resentidos y selváticos que defienden el patrimonio ajeno como su propia y miserable vida. Sin novedad. Cambio y fuera.

domingo, octubre 01, 2006

Misión Negra Insólita.

Durante la campaña para las elecciones del 2018, el candidato había prometido una tarjeta de débito para la población desempleada, la medida se vislumbraba como un hecho sin precedentes en la historia del populismo en Venezuela.
Incluso, el nombre era un postulado fonético que reivindicaba un simbolismo cariñoso hacia la afro-descendencia.
En los primeros seis meses de su aplicación, los comensales beneficiarios atiborraban los anaqueles, consumían desaforadamente cargando el importe a una cuenta colectiva, la cuenta corriente del país del crédito a plazo inexistente.
Los pobres se sentían ricos, aunque con dinero ajeno a su capacidad productiva, el plan del nuevo gobierno parecía ser un rotundo éxito. Los tiempos revolucionarios habían quedado en el pasado frente a cuan novedosa sofisticación populista.
Al séptimo mes de gestión, fueron detenidos tres capitanes del ejercito con un cargamento de treinta mil tarjetas cloneadas, cada una con un crédito mensual de tres millones de Chávezes.
El comercio de tarjetas ilegales había sido parte de un convenio entre el comando de campaña del presidente electo, sectores influyentes del alto mando militar y una compañía de hardware norteamericana. Su propósito consistía en enriquecerse a través de un instrumento con fines de alto impacto social, parecido en su propósito a las misiones del gobierno anterior, cuyo presidente tuvo que renunciar a tales proyectos y a su puesto por una brusca caída en su popularidad, producto de una estrepitosa caída de los precios del petróleo.
En su exilio cubano, el ex presidente acusaba a sectores de la oligarquía de haber promovido tal aberrante acto de corrupción, así como denunciaba con razón, la presencia de sectores empresariales norteamericanos detrás del complot.
En Venezuela, la administración de turno esquivaba las acusaciones magistralmente. La tarjeta ahora contaba con un crédito de 5 millones de Chávezes y con opción a compra de casa sin intereses. Las masas populares dieron la bienvenida jubilosamente a la decisión, la historia seguía su paso arrollador mientras todo permanecía igual: “ Negra, anda y cómprate unas cervezas con la tarjeta”.