sábado, agosto 05, 2006

La importancia de llamarse Sergio.

Romeo tiene mas de seis años de graduado de Arquitecto, y mas de tres viviendo en Italia, la tierra de sus padres. Antes de su partida, pasábamos largos ratos en su edificio, haciendo música, jugando Scrabble, proyectando diapositivas, o simplemente conversando temas multidisciplinarios (Filosofía, Arquitectura, Música, Arte, entre otras)
De sus pocos amigos, casi todos los teníamos en común, salvo uno al que a veces nombraba para citar alguna de sus frases o simplemente para contar alguna anécdota. Se trataba de Sergio, su ex - compañero de clases de la facultad.
Luís aún es estudiante de Arquitectura, ya hace varios años debería estar graduado, al igual que Sergio, su inseparable compañero de fiesteo. Ambos comparten las mejores historias que he escuchado en los ventilados pasillos de su facultad, sin embargo, Sergio las adereza con sus hazañas de niño consentido: “Mi mamá sabe como es todo”, con esta frase, confunde el conformismo alcahueto de su madre con amor incondicional. “Metí los pedazos en la cartera de mi mamá, los pacos ni pendiente, y me fui a dormir la borrachera” Otro cuento mas.
Alejandra es Arquitecto hace no mucho tiempo, su buen promedio y su talento la han convertido en la mano derecha de su jefe, el director de una reconocida firma de arquitectura. Cuando tenía tiempo y voluntad para el ocio estudiantil, compartía con Sergio y con Luís alguna que otra conversación con mediana sustancia, algún cuento divertido que enriqueciera superficialmente su brillante intelecto.
En cuanto a mi, siempre quise estudiar arquitectura, los planos pasaron a ser de mi pasión de niño a mi frustración de adulto, siempre pensé que mi torpeza manual era la responsable de mi alejamiento de las maquetas, el pegamento y los materiales. Pero en los últimos años descubrí la verdadera razón: No soy amigo de ningún Sergio.

El pavo empistolao: Del mata burro al quema coco.

La noche de jueves promete, el evento promocionado por la marca de cigarrillos ofrece puki puki hasta altas horas de la madrugada. Mauricio ya controló la bolsa, sólo falta pasar buscando a Brenda por la universidad y listo, a pasarla bien.
Es poco mas de media noche, los primeros cuatro pases tienen a Mauricio colocado, mientras que Brenda insiste en irse a casa, no sólo por el dolor de vientre, sino por su parcial de mañana. Siempre ha sido tímida para decirle a su novio su opinión, siempre piensa que Mauri es muy obstinadito, así que nunca dice que no a nada.
Esta vez, había que tener carácter y decidirse, Brenda no aguantaba el dolor y Mauricio fanfarroneaba con sus amigotes acerca del nuevo mata burros que tenía en su Toyota. Efectivamente así fue, mientras su novio estaba en el baño orinando el vodka y polvoreándose la nariz, Brenda salió del local y tomó un taxi a casa.
El plan de Mauricio era firme, amanecer y luego escaparse a los Caracas para surfear hasta medio día acompañado de su novia sumisa. ¿Donde coño esta Brenda? Se preguntó varias veces.
La dichosa euforia producida en su cerebro por las últimas dos rayas se convertía en ansiedad rabiosa, Mauricio era un energúmeno en medio de la muchedumbre rumbera. Sus amigotes no podían calmarlo, ni siquiera Fabricio su amigo del colegio pudo contener su bárbaro desenfreno.
--Si se fue con un tipo los mato a los dos-- Se repetía a si mismo una y otra vez. Ya no había mas pases, la fiesta agonizaba y ningún rastro de Brenda. El cerebro de Mauricio no le respondía sensatamente como para llamarla, pocas veces su intelecto funcionaba, su última lectura académica fue a los doce años y obligado por su maestra.
Brenda dormía apaciblemente en casa, se había tomado una pastilla y el dolor había desaparecido, mañana dejaría de ser la novia de Mauri, no por su voluntad, sino por que al muy tarado se le escapó un disparo al pasar a ciento cuarenta kilómetros por hora sobre un policía acostado de su urbanización.