viernes, mayo 19, 2006

Homicidio cardíaco-habitacional

Las lluvias se acercan y el Ministerio de Planificación, como medida preventiva, ha decidido evacuar a las familias que habitan las zonas que corren peligro de derrumbe. Sin embargo, la brillantez de la previsión vislumbra resultados mediocres: No hay donde reubicar a las familias desalojadas.
En respuesta a la falta de respuestas, una muchedumbre paupérrima, a medio alimentar y muy poco educada en el arte del diálogo, se amontona a las afueras del Instituto Nacional de la Vivienda. Demandan justicia, un hogar digno gratuito y reubicación inmediata. Las frías noches en el refugio provisional acarrean riesgos de epidemias virales y anti-sociales.
Como consecuencia de la protesta habitacional, el tráfico de la avenida principal se ve paralizado por horas. La lenta fluidez habitual de la arteria enfrenta un obstáculo inesperado: Cientos de manifestantes obstruyendo el paso de vehículos; la falta de hogar de unos es la causa de la desesperación vial de otros.
El señor Rodrigo Fuentes sintió un dolor en el pecho esa mañana, nunca se arrepentía de ir al acostumbrado restaurante de carnes cada domingo en compañía de su esposa e hijos. Su corazón le pasaba factura por su afición a la morcilla y a las noticias del canal 33. El preinfarto era inminente.
El acceso a la unidad de cuidados intensivos adyacente a la avenida principal se hacía imposible, el tráfico no avanzaba y la situación cardiaca del señor fuentes empeoraba.
La sirena de la ambulancia y las desesperadas frases del conductor pidiendo paso eran inmunes al feroz embotellamiento. Los manifestantes se multiplicaban al no recibir respuesta alguna por parte de las autoridades de la institución.
Al tiempo que fallecía el Sr. Fuentes, el Ministro de Planificación almorzaba plácidamente en un lujoso restaurante al margen de la situación.
La decisión ministerial había dejado sin solución habitacional a los habitantes del Barrio Nueva Esparta, del mismo modo dejó sin marido a la Sra. Blanca de Fuentes.
El Ministro terminaba de almorzar, bebía su tercer y último güisqui para luego dirigirse al despacho. Debía hacer el informe semanal para presentarlo al consejo de ministros. Un resumen detallado del impacto de sus decisiones.