Foro Social Mundial: La Experiencia Roja.
La conferencia comenzó con cuarenta minutos de venezolano retrazo. En medio de somnolientos exponentes del turismo ideológico, llegaba el turno de la activista ecuatoriana Gloria Morales. Con orgullo, indigna dignidad y pasión retrógrada denunciaba los desmanes que la transnacional inglesa había causado a su gente. Quizás, Gloria sentía que todos sus compatriotas y vecinos de la población rural que la vio nacer, eran familia suya. Sin embargo, su ex – marido tenía años emborrachándose gracias al decente salario que recibía como supervisor de operaciones de la opresora compañía petrolera. Su divorcio, su hambre de justicia y su activismo no conocían una causa distinta: El aguardiente imperial.
Después de la intervención de Gloria y una ovación cargada de efusividad justiciera, tomó la palabra la estadounidense Carrie Lohman.
Su limitado español y su elocuencia técnica, hicieron pasar trabajo a Carlos Lamar, un estudiante que para obtener la acreditación del evento hacía de traductor.
Sólo un tercio de los concurrentes escuchaba con atención las palabras de Carrie, el resto del grupo se dividió, entre los que no entendían ni el inglés ni la traducción y los que si entendían pero prefirieron observar y hasta fotografiar las guacamayas que veían por la ventana del salón. Para satisfacción de Carlos, la ambientalista norteamericana cumplió su misión: Promover su O.N.G vía panfletos con direcciones electrónicas.
Había pasado la hora de almuerzo, las instalaciones del hotel que era la versión decadente y Caraqueña de la cadena multinacional Hilton, daban cabida a numerosas expresiones propagandísticas: Organizaciones no gubernamentales, sindicatos, grupos estudiantiles, círculos bolivarianos, socio – turistas, hippies del sur, periodistas, militantes curiosos del gobierno local, músicos del altiplano, individuos que lucían como participantes de un foro anti-social, demás castas rojas, y yo.
Encontré, gracias a mi instinto y no a los encargados de información, (con esos niveles de desorganización prefiero que ese otro mundo sea imposible) la sección B del gran salón del hotel. El programa oficial y mi curiosidad sociopolítica me llevaron a aquel lugar. Aunque tuve la suerte de encontrar el lugar, no encontré a los panelistas. Habían cambiado la programación. Afortunadamente no me perdí a Pink Floyd, pero una chica holandesa perdió el viaje a Caracas por la misma desorganizada razón.
Aún así, permanecí en el lugar. El orador inglés criticaba con firmeza el modelo económico que le aseguraría una vejez tranquila en su Brighton natal, era lo que había que hacer en ese momento para enloquecer a la audiencia. La semana siguiente le tocaría otra tarea: Beber litros y litros de cerveza en Choroni, a un precio diecinueve veces menor que en el Pub de su cuadra.
- Hasta la victouia siempue!- Gritó un partidario de la Common Wealth que desde Australia llegó a la capital en solidaridad turística.
Llegó el momento de la ronda de preguntas. Mileida Tovar tomó el micrófono, no para hacer una pregunta sino para pronunciar palabras de agradecimiento y reconocimiento a sus compañeros del Comité Estudiantil Marxista – Leninista Revolucionario Alí Primera. No sólo hubo aplausos por parte de sus camaradas del comité, hasta la traducción del interprete español mostró tal romanticismo que los angloparlantes felicitaron a Mileida por sus emotivas palabras. No faltó el grito de guerra de la militancia partidista: ¡Viva Chávez ¡ gritaba una mujer morena que tuvo que ser sacada de la sala por su fanático desenfreno. Las digresiones anti – yankis del cacique llanero tienen un letal impacto emocional en las mentes mas vulnerables.
Al salir de la sala, mi curiosidad, esta vez ideológica me hace anotarme en una lista para recibir e-mails informativos por parte de una organización canadiense, dedicada a seguir de cerca el proceso revolucionario venezolano.
Del mismo modo, reviso una publicación colombiana escrita en inglés: El plan Colombia es una …, la CocaCola esta…, Bush quiere…, Shell intenta…, y otros artículos por el estilo. Boté el periódico, así como los incontables panfletos que llegaron a mis manos: Cooperativa audiovisual La Vega, Organización Los Sin Techo, Anarquía Hoy, Obreros de Sao Paulo, Grupo Ecológico Auyantepui y otros que ni leí por cansancio mental. Demasiado bombardeo ideológico para una fresca tarde de enero.
Al caer el sol terminaban las conferencias, los foros y la propaganda. La marea roja invade las calles y avenidas que conforman el área cultural de Caracas. El Foro Social Mundial de noche: Malabaristas, performances, hip hop, salsa, ska, reagae, danza, techno y mucho, pero mucho ron, cerveza, hierba y lo que no pude ver. Carpas representativas, oradores nocturnos, plazas tomadas por gente de cualquier lugar del planeta, campamentos juveniles, olor a globalizadas tribus anti-globalización, la calle como lugar de fiesta y encuentro. La inseguridad habitual es historia por una semana, la capital de un país hecho cacicazgo vive sus mejores días, no es un solipsismo, es la Experiencia Roja.


