sábado, septiembre 12, 2009

Producto

Unas dos semanas antes del lanzamiento en el mercado ibérico, el vocero del equipo de marketing, los representantes del servicio técnico local, la creadora del sistema informático de respuesta al usuario, la jefa del departamento de relaciones del consumidor, su más directo subordinado, la coordinadora del equipo de atención al cliente para el mercado peninsular, la encargada del back office de la empresa distribuidora de los productos cafeteros y lácteos para el funcionamiento del artefacto, y la asistente a la gerencia de la división europea de la empresa de productos alimenticios que auspicia el nuevo concepto, debían en parte cumplir con la labor de introducir el innovador invento a los agentes de atención al cliente, quienes debíamos dar la cara y defender las bondades del nuevo aparato frente a las posibles quejas de sus futuros compradores.
En una sala de reuniones, que a excepción del barroquismo ornamental de la mesa central, estaba correctamente dotada del equipo necesario para tal fin, nos dimos cita de forma no muy puntual para ser una reunión en relación a un invento con tecnología y precisión alemana.

Según el programa impreso, el primer orador sería la voz del equipo de marketing para el mercado español, quien luego de un par de horas de viaje desde las oficinas de la alianza germana en Zaragoza, tomó la palabra.
Minutos antes había dejado mostrar algunos signos de una especie de pedantería pacata, mientras cruzaba palabras con una chica sudorosa que aún hoy, no sé que papel tenía en aquella sala. Sin embargo, en los primeros minutos de su exposición logró desenvolverse de manera un tanto más acorde con los cánones de sencillez elocuente y forzada, de los que dictan en esos cursos adormecedores de oratoria corporativa.

Con una mano en el bolsillo, dictamen secundariamente primordial para la postura a seguir, comenzó su explicación de los puntos fuertes del producto, remarcando el potencial innovador y “multi-funcional” del artilugio frente a sus según él, inexistentes competidores. Por un lado, por que la empresa rival, había lanzado un par de años antes un dispositivo que sólo hace café expreso, mientras que la “nuestra”, como orgullosamente decía, hace desde chocolate caliente convencional, hasta café “latte” con las tres vistosas capas que engalanan el vaso que aparece en el empaque del parapeto. Y por otro, por que la fabulosa “Massimo” logrará sustituir muchas cafeteras tradicionales en los hogares españoles, sobreestimando abiertamente los precarios hábitos de la vida moderna de una clase media profesional, que difícilmente logra desprenderse de sus ascendentes obstinadamente rurales.

Germán ya había generado la confianza necesaria de todos o casi todos quienes le escuchábamos. Como muchos de los españolistas severos como él, mostraba claros signos de rasgos moros: piel beige curtida y un pelo rigurosamente ensortijado, como de vendedor de hachís emigrado de Tánger, y una nariz en forma de tobogán de parque acuático de la Florida.
Ignorando su traicionera fisonomía, y ataviado con un atuendo casual de polo marrón, pantalón azul marino y mocasines marrones de marca, pero no tan de marca, pasó a hacer la demostración del funcionamiento de la vanagloriada invención.
Fue tarea nuestra desempacar el producto, enchufarlo y seguir detenidamente las instrucciones del arabesco expositor. Los detalles técnicos debían y debieron ser explicados minuciosamente por Bárbara Hessen, una encantadora y conservada dama quien vino presta y preparada desde Bremen para dicha presentación, así como para no dejar que nadie tomara más café y té que ella en medio de la expectativa general que reinaba en el salón.

Seguidamente, luego de una corta pausa para la demostración y degustación de los distintos cartuchos de cafeína que como reproductor de música había que introducir en la máquina para que funcionara, llegó el turno de Helena Martínez Braun, una simpática y diminuta señora quien quizás por ser mitad alemana, manejaba un inglés decente y una chispa que más bien pienso que provenía de su mitad madrileña.

Con poca rigidez y con una campechana risita “ejé, ejé” entre cada finalización de una idea, expuso sus puntos en forma de lectura directa de sus láminas de “Power Point”, siendo sólo interrumpida por la otra alemana de las dos y media que estaban presentes: Elisa Kohl, quién tras no tener otro activo papel participativo, no pasó de preguntar repetidas veces si alguien quería preguntar algo.

“El que quiera chocolate que coja, ejé ejé ejé”. Por tener el puesto que tiene, Helena pudo traer varias cajas de chocolates que forman parte de la amplísima oferta de la monstruosa compañía transnacional para la cual trabaja.
En mi caso, me incliné por los palitos crujientes de chocolate para así acompañar el té verde de la misma marca inglesa que siempre me ha gustado, que no tan casualmente formó parte del conglomerado de productos que configuraron la ambiciosa alianza estratégica para el lanzamiento de la fulana máquina.

-Helena, ¿por qué no hay té negro dentro de la oferta de cartuchos? Pregunté más por mis ganas de tomarlo, que por curiosidad.
-Ejé, ejé... por que estamos en el período de lanzamiento y nos decidimos por el verde para no arriesgar y por cuestiones de target español ejé, ejé, ejé.

Tras una segunda pausa, me di cuenta de que la siguiente presentadora demandaría una mayor atención, quizás por esa disciplina teutona que inevitablemente intentaba suavizar con muecas simpáticas y por que tras haber tomado más café que todos los demás, estaba mas acelerada.

Su discurso, en un perfeccionista inglés de los pasillos de Oxford, fue preciso y técnico, no podría haber sido de otra manera. Con lujo de detalles, se detuvo en los puntos sensibles de los contenidos a exponer, bajo el amparo de una compilación de imágenes hábilmente diseñadas para facilitar visualmente nuestro aprendizaje.
Gran parte de su elocuente simpatía discursiva, respondía a la mañana soleada que la recibió en territorio barcelonés, una latitud que le permitió cubrir su figura aún resistente a la factura de la edad, con un discreto y adecuado vestido blanco, aderezado con un collar de perlas y un escaso maquillaje sobre su bonito rostro de líneas delicadas y proporciones de agraciados ángulos. No obstante, daba curiosidad el hecho de que siempre terminaba sus frases pronunciando la sílaba “na” , al tiempo que confiaba ciegamente en la calidad del producto, hecho que no quise cuestionar, cuando luego de apoderarme de un cartucho de té negro de los que ella trajo de Alemania e insertarlo en la infalible máquina, no salió nada y tuve que tirarlo en la papelera en complicidad con el siguiente presentador, el deficiente representante del servicio técnico para España, quién temerosamente tampoco quiso hacer notar la falla del esperpento electrónico.

Alberto nació en Jaén, tuvo la suerte de que sus padres fueran pobres y emigraran a Zaragoza en busca de un mejor futuro que no encontraron, hecho que despertó la ambición en él quien junto a su hermana re-emigró esta vez a Madrid donde ambos lograron completar una carrera técnica que los mantiene manteniendo a su desvencijada y enviudada madre.
Con sus limitadas luces, Alberto intentó infructuosamente hacer una presentación aceptable, su voluntad mostraba signos de años de perseverancia para el aprendizaje del idioma inglés, no obstante, su vocabulario y pronunciación del idioma anglosajón fracasaban a medida que inconsciente, no paraba de decir ¿Llés? en intervalos de veinte segundos entre audaces neologismos fonéticos e invenciones semánticas.

También respetó la máxima de llevar una mano al bolsillo, sin percatarse de que no sabía que hacer con la otra mientras no señalaba alguna de las incomprensibles proyecciones que su inocente ordenador portátil procesaba.
Tras disculparse un par de veces por haber repetido también dos veces dos de los elementos de la lista proyectada, se vio interrumpido por la milagrosa intervención de un sujeto regordete que aunque elegante, sucumbía ante la idiosincrasia porcina propia de él y sus compatriotas: no por descuido sino por costumbre, olvidó cortar sus pelos de la nariz hasta tal punto que se confundían con los cañones de su bigote.

Con semejante estampa nasal hizo su única acotación en un período de cuatro horas que permaneció sentado con miedo a hacer alguna acotación: “esos detalles técnicos no los manejamos en el departamento técnico”

Lejos de asquearme por semejante insurrección de mediocridad ibérica, hacía rato ya que saboreaba con la vista la mirada miope y perspicaz de una muchacha de linda silueta, rellena de talle, no muy alta y encantadora, quien con la puntual seguridad de haber llegado más de media hora antes de su turno frente a nosotros, también hacía lo propio con la mía.
No fueron sus cursos en Harvard, tampoco su grado en la Sorbona ni sus prácticas en aquel instituto alemán de tecnología: Elsa Ledois no sólo nació en una dorada cuna de profesión y creció entre olores privados; ni se fue a Princeton a aprender un idioma que su abuela aún le reprocha, tampoco vino a hacer una purificante y adorablemente sistemática mejora del sabor medroso y pusilánime que nos dejó Alberto, ni a demostrar con los gestos de sus manos delicadas y elocuentes las potencialidades de la página web que vino a presentar con su exquisito inglés galo, tampoco vino a oler delicioso, ni mucho menos esconder la piel de sus inmaculados pliegues con su sencillo pero esplendoroso atuendo de falda, suetercito y blusa recién comprado en las rebajas de las Galerías Lafayette de su natal París, ni a esconder sus pequeños pies dentro de sus correctos zapatos de bailarina corporativa, ni a achinar sonriente sus ojos juguetones inteligentes tras los cristales de su montura Chanel, ni a despuntar sus mejillas color sonrosado post-verano, ni a desplegar la justa y maravillosa elección de su conjunto collar-anillito-reloj mientras en plena presentación jugaba preciosa con la posición de su pulsera sobre las suaves líneas que demarcaban la articulación de su muñeca izquierda, ni vino a afrancesar el aire con su miel: vino con su producto a hacerme despreciar su empresa, a hacerme imaginarla dominada, ajena a su estrato transnacional, sin su atuendo costoso, desnuda y gimiente: sabiendo que el deseo la lleva a su primitivismo natal: “!Oui, oui, plus fort, plus fort!”. Vino a detener, provocadora e intencionalmente, en medio de su capacitada y competitiva injuria, sus ojos en los míos: vino a trabajar, y si se quiere, a volverme loco.

miércoles, agosto 05, 2009

Breves Consulares

BUENOS DIAS, SOY MARROQUI CON RESIDENCIA LEGAL EN ESPAÑA,DESEO SABER SI NECICITO EL VISADO PARA VISITAR LONDRES CON MI MUJER(ROMANA)? GRACIAS POR ATENDERME SALUDOS CORDIALES

ESTIMADO CONSOL . NECESSITO SABER SI PARA ENTRAR A LONDERS NECSITO VISADO SOY LIBANES RESIDENTE EN ESPANA .QUISIERA RECIBIR UNA RESPUSTA POR FAVOR .GRACIA

Good Morning Sir, I am a Cameronian married to a spanish, with a ¨comunitario¨ regime, what to do to get a visitor visa to london.

soy boliviano estoy casado con una española tengo tarjeta de comunitario que debo hacer para poder viajar a inglaterra donde me esta esperando un trabajo

quisiera saber que tengo que hacer para invitar a un niño modavo a pasar unos dias en españa concretamente en Santander

Soy rusa con residencia en España permanente hasta 2018 regimen comunitario quisieria saber si para entrar a Londres, a Gran Bretaña necesito visado. Gracias

hola soy marroqui ,me gustria saber ke ducomentos nesecito para entrar a inglatera ,estoy casada con español .gracias

Hi, I'm from Brazil, but I'm living and studying in Spain. In the next month I'm going to England for a couple of weeks. Is necessary visa? Thanks. Best regards,

soy española vivo en londres y mi marido en españa, el es senegales pero tiene residencia comunitaria al estar casado con migo, le gustaria estudiar en inglaterra,es posible? que tenemos que hacer?

soy espanola, vivo en escocia, mi hijo quiere venir a estudiar aqui, tiene 12 anos y tarjeta de residencia espanola, puede viajar a escocia con la tarjeta de residente? pasaporte mexicano

Estimado consul necesito saber que tipo de documentacion me hace falta para viajar al Reino Unido.Soy de Panama y con recidensia en España si es tan amable espero respuesta muchas grasia

dear.sir, i want to now that i have res.larga duracion 13 years en barcelona .i herd about long rang resident permit. that we can enter in roailkingdom without visa.and worke there with this permit.

Estimado consol Necessito saber que tipo de documentación hace falta para viajar al Reino Unido (Londres). Quisiera recibir una respuesta inmediata por favor. Soy Boliviano Gracias

hla soy guineana, necesito una beca para estudiar ingles en Inglaterra, necesito conocer los requisitos

hola mi abuelo era ingles y quiero saber si puedo sacar la nacionalida inglesa

señor consul. soy domncano con residencia comunitaria en españa y quiero visitar londres quiero saber si nesecito visa o que devo hacer grasias angel catillo

necesito me ayuden a conseguir mi ciudadania inglesa ,,,ya que mi abuelos paternos son de hong kong ,,,y ellos vivieron alli cuando era colonia inglesa ,, mi nombre es angel eng ,nacido en cuba

we are a desesperated couple,we rent a house in wembley and yesterday we knew that to entry in uk with dog he need a exam that during 6 mounth....he can not make this exam in uk???....please help us

Una ciudadana china ilegal en el territorio de Sgengen, ¿puede viajar a pekin desde Madrid, haciendo una escala de tránsito en Londres?. No hay vuelos directos Madrid-Pekin.

sir, I would like to ask you if I can work in England with a spanish residence and work ID.I get an ofert of work in England and need to know what is required? with all my respect.

hola soy me encantaria ir de vacaciones a inglaterra tengo residencia y trabajo en españa, soy colombiana, a ver que necesito si llevo visado gracias de antemano

HOLA MI NOMBRE ES JUAN DIEGO MUSSO, SOY ITALIANO, QUISIERA SABER SI CON ESA DOCUMENTACION, PUEDO ESTUDIAR INGLES Y TRABAJAR EN LONDRES?

hola soy wistong quiero vivir en londres y tener una familia agradable

hOLA SOY PERUANA Y VIVO EN PERU.MI NOVIA VIVE EN INGLATERRA Y ES ESPANOLA.QUISIERA SABER Q TENGO QUE HACER PARA IR A CASARME ALLA Y VIVIR EN EL REINO UNIDO.

HOLA MI NOMBRE ES LEONARSI SOY DOMINICANO Y ME GUSTARIA SAVER CUALES SON LO REQUISITO PARA YO VIAJAR ACIA PALMA DE MALLORCA España

hola somos una pareja de peruanos casados queremos viajar alondres de luna de miel somosresidentes en españa necesitamos visa ,queremos saber que tramites y en donde.gracias

hola soy venezolano y resido en españa pero quisiera ir a inglaterra por dos meses o tres para aprender y perfecionar mi ingles queria saber que requisitos tengo que llenar para poder realizarlo

Hola! Soy francesa (22 años), trabajo en Barcelona.Quiero ir a Inglaterra para trabajar y mejorar mi inglés. Necesito información para buscar trabajo ý cursos de inglés alli. Gracias por su ayuda

Hablo inglés y estoy especializada en trabajos del hogar:Soy catalana. Si vienes de Inglaterra a mi país y necesitas de mi labor para el cuidado de tu familia llamame

hola soy brasiñero com residencia comunitaria en españa , para irme a inglaterra a trabajar es valido , que tengo que hacer

Me dicen que gano un premio de la Loteria de UK porque mi mail fue seleccionado. Para gastos de envio y seguro debo abonar a traves de Western Union una cantidad . Eso es posible? Carlos

estaria interesado en ir a vivir a su pais ya que me encanta la naturaleza y como viven en armonia . para mi seria un placer podre contactar con ustedes para averiguar como podria hacerlo realidad

Hola soy venezolana con 17 años y dominio perfecto del idioma ingles quisiera poder estudiar en la universidad y trabajar con el ingles y español.

Hola soy licenciada en Ciencias Juridicas, Soy Salvadoreña y deseo obtener una beca para una maestria o doctorado, quiero seguir superandome,

que dios los bendiga soy salvadoreña abogada de mi pais, tengo 25 años y quiero saber qurequisitosllenar para poder trabajar en dicho pais

hola soy español tengo 29 años soy correcto y afable me encanta conducir y me encantaria conducir un trailer australiano tengo 3 años de experiencia

Necesito ubicar a Graciela Craia, Sabina Corona, y juliana corona Comentado por Ester Fabiani Fecha: 16/12/2007 ES MI COMADRE, por favor avisenle. Gracias

Soy Uruguayo con ciudadania Italiana y quisiera vivir en Australia, que requisitos necesito cumplir.

hola mi nombre es sandra vivo en el salvador soy madre soltera y tengo a cargo tambien a mi madre quisiera emigrar a australia ya que aqui hay escases de empleo

Hola,me gustaría saber que documentación debo presentar y que requisitos debo cumplir para ir a Australia como Tatuador,hablo Alemán,Español e Inglés.Nacionalidad Venezolana.

Somos una familia joven peruana mi esposo de 34,Yo 30 y mi hijo 3 y queremos hacer una vida en su pais, somos personas responsables , trabajadoras y con valores

HOLA SOY DOMINICANA Y MI NOVIO ES ESPAñOL COMO EL PUEDES HACER PARA SOLICITARME UN CONTRATO DE TRABAJO COMO ESTILISTA EN BELLEZA K SOY EN ADACTASIONES DE PELOS

hola me gustaria saver como puedo conseguir visa de paseo quiero ir a conocer nueva york bueno por favor ayudame el embajado

Hola, soy venezolana residente en España, con NIE (permiso de residencia y trabajo), quisiera saber que requistos necesitaría para visitar París, gracias por su colaboración.

HOLA MI BISABUELA ERA FRANCESA YO PUEDO OPTAR POR LA CIUDADANIA FRANCESA TENGO PERMISO PERMANENTE EN ESPAÑA PARA TRABAJAR EN FRANCIA.QUE REQUISITOS NECESITO ? GRACIAS

lunes, agosto 03, 2009

Suecas y otras líneas

Al llegar a la estación de Sants, luego de una tarde de playa poco constituida por sutilezas del detalle: mi acompañante, una bailarina portuguesa que lucha entre la gracia y la tosquedad; el billete no lograba traspasar la maquina que me permitiría recorrer el ajetreado corredor, recuperar mi desgastada bicicleta y pedalear a la ducha.
El helado de Café brasilero, minutos antes de leer el aviso escrito a mano: “validar el billete en destino”, había sido lo mejor de la tarde, tanto más que mi disposición ética para preguntar al empleado de la estación cómo podría salir con mi inútil billete sin validar.

El desvencijado mozo, sucumbía ante el asecho precioso de tres magníficos soles, piel y cabellera dorada, dientes perfectamente blancos y esa bobería esbelta y natural que con tan sólo preguntar una dirección, devastó el sosiego de Arístides Goblan, quien tuvo que pensar en por qué ignoraba las clases de Mrs Sutton, en la ahora demolida escuela de su natal Granollers.

No hubo forma ni manera: las más alta de las tres resolvió la situación, unos cuantos metros de distancia, otro anglo parlante mejor informado, outsourcing efímero. Arístides, voluntarioso, seducido y fracasado: ¡Sorri guapas!
Por lo pronto me colaba por una puerta abierta, sin validar el billete, sin riesgo de aprehensión por parte del embelesado informador, sin pesadez moral: ¿para qué haber intercedido en nombre de lo correcto? Interrumpir el goce del apaleado trabajador frente al hermoso apremio en que estaba, babeando una felicidad con minutos de caducidad.

Una ducha rápida, convencional, justo jabón y pizza para flojos en el horno adyacente a la embotada papelera, coronada con la inmunda templanza del billete sin validar. Unos pocos centímetros más abajo, apacible basura producto de mi definitiva decisión matutina de limpiar aquel armario, un vencido contrato laboral olvidado unos meses atrás. Malin Susanne Anita Samuelsson, lo había firmado para patrocinarse, entre otras cosas, sus brinquitos a ritmo de Nasty Mondays casi cada madrugada de martes. Con la misma mueca grácil de su cara de pellizco, la ingenuidad sugerente de su pijama-camiseta negra XL que apenas cubría sus muslos y su pausita en la cintura para apagar la luz de la cocina, bailaba y tarareaba a ritmo de Depeche Mode y otros “indis”. Una noche sucia de lunes en la que perdí, observé que sus brazos largos y acolchonados apuntaban al cielo-techo del Apolo Club, sus labios dejaban leer el estribillo “I just can’t get enough”. Al irme a casa derrotado, pensando en dormirme antes de oírla llegar me decía a mi mismo: “Yo tampoco Malin”.

jueves, julio 02, 2009

De Gladis para Sosa

De los infinitos caminos que llevan al desprecio, el juego del amigo secreto es uno de los rotundos favoritos de los que abiertamente admiten su desden hacia aquellos sujetos “no alineados”, en pocas palabras esos, los nulos, los feos, los idiotas, los de la esquina de allá atrás, aquellos que “en mi equipo no” : los no “nosotros”.

Gladis es indiscutiblemente fea, su gradualmente dócil inteligencia la ha llevado exitosamente a mitigar, tanto la realidad que su espejo le transmite: el pelo indefinidamente impregnado de brillantina, el bozo decolorado sobre sus labios resecos, sus piernas demasiado delgadas bajo la falda, el resplandor de brillo en el centro de su frente y en las zonas aledañas al bochinche ovoidal de su nariz; como su realidad textil-hormonal: la mancha de desodorante en no sólo la camiseta de la clase de Educación Física, sino también en la de las clases regulares; el percudido de las medias post-blancas y la cromáticamente agradable después de todo, combinación de amarillento con azul clarito en el cuello de su único sueter preferido.
Aún cuando Gladis es así, quienes se sientan cerca de ella no lo son y gracias a ello se puede permitir carcajadas burlonas y crueldades hacia varios de sus compañeros de clase, bajo el manto legítimo de la popularidad de sus amigos, de su organización para los trabajos en grupo, su habilidad para las materias “duras” y el inglés, y sus pertinentes intervenciones en la clase de Sociales.

De su suerte pocas veces se queja, sin embargo, una simple ecuación matemática -el número de sus amigos sin contarla a ella es par- la dejó sin oportunidad de hacer una corrompida jugada y cambiar de papelito para hacerse de un amigo secreto conveniente.
Fueron segundos difíciles, sus ojos intrépidos de ascendencia Caribe se tornaron tristes, vencidos, irremediablemente decaídos, injustamente arropados por las cuatro letras que manchaban de desgracia el papelito que en vez de decir Laura, Alejandro, Fabiola o David, decía Sosa.
A Ricardo no le viene nada mal jugar, recibir un regalo previo a las vacaciones navideñas no es mala idea. Apostar a la providencia y esperar que en su papelito estuviera escrito el nombre de Liliana “la portuguesita”, era una empresa romántica y económica: no tenía realmente nada que perder y mucho aprecio que ganar.

Ricardo Sosa es realmente un tipo gris, sus pocas luces para la seducción traicionan sus ojos relativamente avivados, su tez parece más bien de algún larguirucho de las Islas Faroe que la de quien es, un revocado larguirucho pálido de un suburbio caraqueño.
Deslucido y sentado siempre en la periferia del salón, se remite a soñar con los besos de “Lili” y a entretejer algún tema de burla desleal con sus no menos abolidos amigos sentados en la misma área periférica, sin poder suprimir esa actitud sosa que lamentablemente lo caracteriza.
Para bien o para mal, no le tocó Liliana, cosa que a pesar de ser una mala noticia pudo haber sido peor: tener que regalarle algo a su odiada Gladis. Un frasco de agua oxigenada para el bigotillo acompañado de una caja de hisopos sería un buen regalo para ella, se llegó a decir a si mismo.

Con estribillos de música merengue de fondo, a un volumen bajo para poder escuchar la lectura solemne de aquellos nombres de los amigos que dejarían de ser secretos, comenzó el escrutinio de los envoltorios, los lazos y las tarjetitas con las dedicatorias. Liliana, fiel a sus orígenes, regaló una austera, no muy bonita pero aceptable pulsera para la peluda muñeca de Gladis, deseando secretamente que no se le enganchara nunca en los pronunciados vellos.
Alejandro y David recibieron alegremente sus discos de acetato de Sentimiento Muerto y Desorden Público respectivamente, mientras que Laura y Fabiola se regalaron hermosos accesorios simbólicamente entre sí.
Entre una constante lucha entre el ruido del papel celofán y la voz de Wilfrido Vargas, Gladis tuvo la ruinosa tarea de pronunciar el fatídico apellido: “Mi amigo secreto es...”
-muchos ya lo sabían, el no- después de tragar saliva y mirar resignada la picardía pertinaz de los ojos verdes de Fabiola. Repitió: “Mi amigo secreto es... Sosa.

Trató en la medida de lo posible de salir del trámite rápidamente y entregarle el paquete envuelto, a la machimberra, con un oportuno pedazo del papel que sobró del regalo que le hizo a su primito la semana pasada para su cumpleaños.
“Regalo es regalo” dijo Sosa conforme a ir rompiendo el segundón envoltorio, pensando en que debería ser algo acorde con el gasto y el detalle de los pendientes de plástico que regaló a una no menos que profundamente plástica Karina.
La dedicatoria, en la tarjeta-papel-arrancada de una agenda telefónica que rezaba con un trazado de lápiz mongol con la punta desafilada “De Gladis para Sosa” no daba buen augurio.
Como si le regalaran un espejo roto, en el que se pudiera reflejar a si mismo y luego clavárselo limpio, como ejecución de clavadista olímpico chino, en medio de su corazón, Sosa vió su regalo. Sin letras, sin marca, sin estampado. Una sosa franela verde.

martes, junio 02, 2009

Un artículo,dos lectores,tres visiones

Good Buy Crisis
Cuando no quiero comprar si compro: más Keynes y menos Marx

Hablemos de verdades. Así como la primavera de este año es historia y las glándulas sudoríparas comienzan su temporada laboral más agitada, la palabra crisis sería una fuerte contendiente frente a la palabra Guardiola en un ficticio concurso para elegir el término más escrito en las redacciones de los medios de comunicación españoles.
Otra verdad. Nadie quiere dejar de comprar, simplemente algunos debemos o tenemos que hacerlo, mientras que otros masajean sus tarjetas de crédito con pequeños caprichos clase media: el espectáculo de danza contemporánea, el billete a Praga que es barata, el vestido de Adolfo Domínguez en rebaja o disfrutar de al menos un día del Primavera Sound o del Sonar.

Desde la óptica gubernamental, bajo el auspicio mediático de que el motor de la economía alemana ha comenzado a mostrar signos de aceleración y de que China se está reconciliando con su demanda de materias primas y ropa chic, los planes de estímulo al consumo están a la orden del día, previa ratificación por los respectivos poderes ejecutivos de distintos países.
Con la aprobación de un segundo presupuesto suplementario para el actual año fiscal, el Parlamento Japonés ha logrado aprobar el llamado Teigaku Kyufukin, un plan que consiste en otorgar un bono de consumo a más de 120 millones de personas, incluyendo a extranjeros con residencia legal.

El presidente Obama, por su parte, aprobó recientemente la llamada Ley de Reinversión y Estímulo Económico Federal. Dicha ley, se firmó con el propósito de engrasar la economía estadounidense, un mega paquete de 787 mil millones de dólares que abarca desde créditos contributivos y fondos para educación, hasta proyectos de infraestructura y becas para promover la investigación y el conocimiento científico.
En ámbito local, el presidente Zapatero ha aprobado con conjunto de medidas para masajear el imaginario económico de los españoles y balsamizar su no tan poco conocida tendencia al consumo. Paralelamente, la tragedia inmobiliaria no es secreto para muchos y el “parismo” sigue sumando adeptos.

Concretamente, el jefe del Ejecutivo ha anunciado ayudas directas de hasta dos mil euros para la compra de vehículos, bombones fiscales para aquellos que pretendan comprar una vivienda y reducciones en el IRPF de los autónomos.
Si estuviera vivo, el más contento con todo esto sería John Maynard Keynes, cuyos postulados macroeconómicos residen en un activo papel del sector público frente a las ineficiencias intrínsecas de las decisiones del sector privado.
En resumidas cuentas, parece ser, según algunos analistas y asesores económicos, que el consumo es la vía para superar la recesión, jarabeando al ciudadano con cucharadas fiscales del propio chocolate capitalista. Por un lado, aquellos entrados en carnes, amantes de las grasas saturadas y la glucosa, tendrán su dosis de opio keynesiano; mientras que por otro, los vegetarianos del consumo, los austeros de siempre, podrían pagar justo por pecadores, por ahorristas y tacaños.
Cuando no quiero comprar, me dicen que compre; cuando quiero comprar me dicen consumista: Se Vende Crisis. Se traspasa Recesión. Se Alquila Capital.


Lector 1:

Luis: ya lo leí

16:09
Keynes fue duramente criticado por lo que ahora los neo califican de Estado Interventor.

Su tésis de efecto multiplicador funcionó en un escenario en donde los límites del desarrollo y el calentamiento global existían solo en la arena de la ciencia ficción....

16:11
no dudo que lo que el presidente Chávez ha juzgado como una intervención necesaria en el desenvolvimiento de los agentes económicos, y que ha sido la materia para que "analistas y expertos" lo critiquen, sea ahora el único puente sólido entre la democracia representativa y el pueblo que elige a estos representantes.

16:14
Sin embargo, y aun cuando comprendo de antemano que los que van a pagar el precio de los dólares-euros-yenes inorgánicos es la gente de a pie (los pela bolas) soy también capaz de entender que es necesario ese auxilio, que no es más que la penitencia que estos creadores de fracaso deben purgar ante el estrato que sustenta su modelo, es decir, el consumidor.

Lector 2:

16:42
verdementa: me recordó a la publicidad de VISA, que estrenó nuevo slogan: go.

me: sii? te refieres a que??

verdementa: que dices que hay nuevas formas de alentar el consumo

16:43
y pues eso me recordó a la propaganda de VISA

me: ahhh sii, bueno los ejecutivos estan a cargo de aprobar esos planes

segurooo, por que es basicamente eso

16:56
me: oyee adios, hablamos

chaw

16:57
verdementa: bye

me: buy

jaajja mentira pero el articulo iba por ahi

16:58
verdementa: buy buy!

me: sii lets buuuyy

chaw

good buy

verdementa: con lo que a mi megusta

16:59
me confieso consumista...

me: por eso

verdementa: salud

me: jaajjaa

entonces buy!!!

verdementa: jajaja

un beso

domingo, abril 19, 2009

Al revés

“Al revés”, suele decir incontables veces al día. Así se gana la vida Ramón, quien al pronunciar esa y algunas otras locuciones prácticas, ve pasar el día y la gente por las máquinas de la estación.
Marta nunca introduce su billete al revés, por lo que Ramón, aunque la ve pasar casi todas las tardes entre 7 y 10 y 7 y 17, nunca le ha dirigido la palabra, pero si muchas sonrisas gentiles. No obstante, este gesto no es nada exclusivo del solícito encargado del flujo correcto de los pasajeros hacia “ella”, como el la llama. Ramón le sonríe a todos los que atraviesan la máquina más cercana a él, salvo a algunas excepciones de pequeños grupos de italianos escandalosos y uno que otro chico de aspecto desaseado y con dreadlocks rastas, dice que esos son los que escriben en las paredes del pasillo al anden.
Sergi, es uno de esos chicos descuidados y rebeldes que utiliza- con dos horas y media de diferencia- la misma estación que Marta. Normalmente, lo hace de camino a la conexión para tomar el tren a su Badalona natal.
Los jueves, suelen ser los días más sociales de Marta. Usualmente, va a cenar y a hablar de chicos con Andrea, una peruana que conoció en un curso de peluquería al que ambas acudieron, pero por razones varias no lograron finalizar. Uno de esos jueves, Marta y Andrea cenaron en un pequeño y solidario cuchitril de tapas cercano al lugar de trabajo de la segunda, un hostal de segunda, a escasos metros de la plaza Urquinaona.
Tras pasar la máquina, entre risas de desengaños post-adolescentes y vino blanco, también de segunda, Marta, con su metro setenta y tres y su poca habilidad congénita, tuvo que sortear y activar más de trescientos músculos para, en principio, abalanzarse unos cuantos grados hacia adelante y alcanzar la estatura incaica de Andrea, despedirse de ella, y luego incorporarse y cogerle el teléfono a Joaquín, un pretendiente sin oportunidad quien a su vez, por una alarmante crisis alopécica, tampoco terminó el curso de peluquería.
Ese trámite a trompicones, de despedirse de su amiga y rechazar la invitación del “calvito”, como ella lo solía llamar, hizo que su T-50 cayera al suelo sin poder advertirlo. A su paso de pantalones caídos y malicia ingenua de estudiante de Antropología, Sergi, que regresaba de una manifestación en rechazo a algo que se llevaba a cabo en una plaza cercana, se percató de la caída del ticket y lo cogió para si.
Decepcionado, al ver que a su ambición ahorrista se desvaneciera por los escasos dos viajes que le restaban al billete, continuó su camino. Los alaridos deficientes de la banda punk de unos colegas suyos de Ripollet, hacían casi imposible que Ramón consiguiera captar la atención del estudiante para recuperar el billete de “ella”. ¡Oyeeee!!!! ¡Perdona!!!!! Ese billete no es tuyo, ¡dámelo, que yo la conozco!!!
¿Que dices tío? ¡Es mío el billete!!!
¡Es de “ella”, te he visto cogerlo del suelo! Al voltear a mirarla, apenas pudo Sergi ver el zapato de tacón de marta apartarse del último escalón de acceso al anden.
¡Yo se lo daré!!! Dijo, intentando una mueca semi-sonriente y febril. ¡Dámelo o llamo a seguridad!!! Insistió Ramón, esta vez con su inédita cara de enfado, esa en la que se le sube la ceja derecha unos milímetros más que la izquierda y el ojo izquierdo luce más saltón que el derecho.
Marta subía a un vagón con destino al vagón con destino a Can Boixeres, ignorando por completo el episodio que su magistralmente inhábil soltura había dejado atrás. Se sintió algo mareada y le vino un pequeño pero sonoro eructo de vid que la hizo sonrojarse y pensar en lo mal que le sentaba ese flequillo tan corto a su amiga. Andrea hacía lo propio, esta vez en el tren con destino hacia La Pau, viendo con vanidoso gesto su pelo recién cortado reflejado en el cristal de la ventana, pensando en retomar el curso aquel y fundar una peluquería en el suburbio limeño que la vio nacer. La totuma, pensó en llamarla.
Joaquín, algo decepcionado por el rechazo, iba al baño a ducharse sin ese estímulo femenino que hace que algunos hombres se restrieguen con más vehemencia durante la ducha previa a la cita, no sin antes verse al espejo, donde nada había cambiado, todo intacto: la sonrisa color beige-diccionario-viejo, el fenómeno facial-demográfico de la sobre-población de sus cejas, y la tragedia forestal al norte de ellas, como bosque arrasado por una horda de garimpeiros en busca de oro amazónico.
Feliz por haber recuperado, luego de acalorada disputa con el futuro antropólogo, el billete de “ella”. Pensó en como ser elocuente y bondadoso al mismo tiempo para devolvérselo en cuanto la volviera a ver pasar.
La nómina de Marta tardaría cinco días en manifestarse en su cuenta. El viernes en la mañana optó por un T-10 para contrarrestar tanto la pérdida del T-50, como el tiempo entre ese día y su día de cobro.
A las 7 y 14, encaraba Marta la máquina. Joaquín se sentía con suerte ese viernes, e intentó llamarla e invitarla a cenar.
¡Hola Joaquín! Dijo ella malhumorada por la impertinencia del “calvito” insistente y el no conseguir su billete a tiempo para no detenerse más de lo necesario en la máquina. No, es que, sabes, mi madre.... Hola!! Marta!!! Holaaa!! ¿Estas? Si pero es que... Tu Tu Tu Tu!! Al cortarse la llamada apareció el T-10, que fue introducido con torpe apuro. Un entrecortado rechazo destronó la esperanza de uno y alimentó la de otro: “al revés” dijo Ramón amable.

martes, marzo 24, 2009

Suerte

Había varias razones para detener la lectura. El texto comenzó divertido, pero al cabo de cien páginas, se hizo repetitivamente recursivo, la chica americana ya se hacía latosa con sus cartas a su amiga de Pensilvania, en donde sólo hablaba de las ocurrencias de su nuevo novio andaluz semi-gitano, algo con lo que estoy familiarizado por razones post-coloniales.
Otra razón, el calor del verano mediterráneo exige una hidratación no sólo fisiológica sino superficial, ir a la playa y no bañarse es como ir a la biblioteca y no leer. Ahí radicaba el problema que me llevó a una tercera razón para dejar de lado el texto. ¿Cómo bañarme en la playa sin dejar mi mochila descuidada y vulnerable al raterismo magrebí?
La respuesta a esta pregunta coincidía enteramente con la cuarta y más inquietante razón para olvidarme de necedades antropológicas, alimento exótico–lingüístico para la tesis de grado de la estudiante yanqui que protagonizaba el libro: A unos seis metros de mi, una bolsa de Zara, unos lentes de sol gigantes clavados en la arena, una revista Vogue, una botella de agua mineral y una pequeña toallita, sobre la cual, dormía la figura que me hizo despreciar la lectura y eliminar la literatura de mi vida hasta nuevo aviso.
El sol era riguroso con su piel, había lugares mas rosados que otros en sus piernas y espalda, sería irreversible el ardor nocturno, aun así, parecía estar dormida indiferente a los rayos ultravioleta.
¿Seré capaz de medir su simpatía con una pregunta idiota pero concreta? Creo que si es de habla inglesa me será mas fácil romper el hielo, la practicidad anglosajona descuenta vergüenza y pudor en mi.
Si habla español me dará más calor, la lengua de Cervantes es más cálida, compleja y literal. He de tener cuidado de sonar muy sopesado y pedir el favor directamente, desarrollar una conversación en la que termine sabiendo su nombre sería demasiado triunfar, algo a lo que no estoy acostumbrado en un lugar tan caluroso y con tanta gente semi-desnuda.
Los noticieros repiten cada día la importancia de mantenerse hidratado y beber suficiente líquido, atendí a la precaución, bebí litro y medio de agua casi de un solo golpe. Las ganas de orinar, debo confesar, tuvieron gran peso a la hora de tomar mi decisión final.
-- ¿Hablas español?—Pregunte tímido, por que en el fondo así fue. De igual manera, acercarme directamente a su espacio fue más audaz que hablarle, sentí que ya había ganado la batalla a la desconfianza.
Sí, fue su respuesta. No tan simpática como para ganar más confianza, pero gentil y racional, sabía lo que significaba la soledad en aquel balneario mediterráneo, creo que adivinó mi intención y me comprendió.
--¿Puedo dejarte mi mochila para bañarme un rato?— No había vuelta atrás, pude incluso intentar detallar su piel por milésimas de segundo, no había bronceado, no hacía falta, solo regiones rosáceas que obligarían a enternecerse a quien tuviera el poder glorioso de tocarla.
--Si claro— Asintió afirmativamente, nuevamente simpática, pero para mi tristeza triunfal, desinteresada.
Me di un baño súbito, sin dejar de pensar en que pudiera estar tardando mucho y en buscar la manera de no llegar de nuevo a su feudo arenoso, decir gracias como un idiota y largarme.
El baño me refrescó sin duda, pero en el trayecto desde la orilla hasta ella, me dio calor otra vez. Otro momento en el cual no sé en que medida soy un tipo con suerte, conseguí mis objetivos: bañarme en el mar, refrescarme, orinar y recuperar mi mochila. Todo salió bien.
Mojado y fresco me había acercado a ella, hablaba plácidamente por su teléfono móvil. Apenas intentó intentar sonreír cuando le di las gracias y tomé mis cosas. Me sequé bajo el sol sin dejar de mirarla, la llamada alteró su estancia en la arena. Se puso un vestidito recién comprado que delineaba si figura, removió la etiqueta y se colocó una larga cadenita dorada alrededor de su cuello.
Los grandes anteojos de sol cubrieron sus mejillas sonrosadas por el rigor de la temperatura, tomó su bolso y depositó la botella de agua vacía en la bolsa de Zara. Se marchó caminando relajada y descalza. Iba a verse con alguien con toda seguridad. Esa tarde, mi suerte llegó hasta allí.